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Animados por
la rítmica y bailable música de chinelos que ejecuta
una de las muchas bandas de viento conformada por talentosos músicos
oriundos del pueblo, reunida al pié del castillo, la gente
observa el cielo, esperando el momento en que su transparencia azul
súbitamente se poblará de luces multicolores seguidas
del estruendo de los cohetes y la caida de algún objeto útil
o de adorno que se convierte en el ansiado botín de niños
y jóvenes quienes se abalanzan sobre él.
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