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Herbert Marcuse: Bases filosóficas para las revoluciones del siglo XXI Hegelianismo Freudo-Marxista
por Alvaro Kröger

Los tres pilares del sistema ideológico de Marcuse son: El conflicto freudiano, la alienación marxista y la negatividad hegeliana, lo que origina el método de las "tensiones". Siguiendo esta argumentación, Marcuse llega a la contradicción inherente a las cosas, la contradicción entre la apariencia y le esencia, misma que permite que las cosas van de lo que son a lo que no son.
Michel Ambacher anota que Marcuse "Con la impertinencia de los hegelianos, pretende volver a escribir la historia a su manera: comprender a Sócrates o a Platón mejor de lo que ellos se comprendieron a sí mismos". Siguiendo esta argumentación, Marcuse llega a la negatividad, es decir, a la contradicción inherente a las cosas, la contradicción entre la apariencia y le esencia.
A continuación te mostramos un extracto del texto de Álvaro Kröger que puedes leer en su totalidad en esta página
uruguaya.

"Si el marxismo quiere seguir siendo la teoría crítica de la sociedad que fue hasta ahora, debe admitir el escándalo de la diferencia cualitativa. No contentarse con el mejoramiento del mal orden existente, sino redefinir la libertad, de manera tal que no se la pueda confundir con nada de lo que pasó hasta ahora". Y para ello, "la idea que acude espontáneamente al espíritu... es la de la dimensión estético erótica... Por lo tanto, la ruptura radical, la «negación total» del orden existente, señalan un verdadero giro histórico en la orientación del progreso; la existencia humana será transformada totalmente, incluidos el mundo del trabajo y la lucha contra la naturaleza". Ese cambio total se concreta en el "Hombre Nuevo": "Parece, entonces, que para cambiar la civilización es necesario, en primer lugar, cambiar al hombre y la organización de sus instintos. La instauración de una civilización no represiva supone una liberación de los instintos reprimidos por una civilización de dominación. Esta reorganización de los instintos, con reactivación de ciertos dominios tabúes del goce, sería una verdadera reestructuración de la psiquis y modificaría totalmente la existencia humana". De manera que la civilización se transforma si se cambia al hombre, y al hombre se lo cambia si se cambian sus instintos, y éstos, a su vez, se transforman cuando los actos sexuales, en lugar de practicarse como hasta ahora se ha hecho en la sociedad opresora, se orienten hacia un nuevo campo imaginativo. En tal sentido Marcuse es bastante explícito. Lo primero que hay que desechar es el machismo, porque éste implica siempre "la tiranía de lo genital". Luego corresponde redefinir esos actos que la Sociedad Represiva ha denominado "perversiones sexuales". Dentro de ellos encuentra una gama de matices muy esclarecedora. Así, en Eros y Civilización, al analizar el comportamiento de viejos modelos (Eros, Ágape, Thanatos, Orfeo, Narciso, etc.), explica: "En el interior de la dinámica histórica del instinto, la coprofilia y la homosexualidad, por ejemplo, ocupan un papel muy diferente". "La función del sadismo no es la misma en una relación libidinosa libre y en las actividades de los S.S. (nazis)". "Por lo mismo, sin duda, se condenará el strip-tease del music-hall burgués mientras se saludará como una liberación el del Living-Theatre, uno es explosión, el otro es expansión". En definitiva: "lo que condena al libertinaje occidental es el ser aún demasiado tímido y conservar todavía algunos tabúes".
Este es el capítulo que Marcuse denomina como "radicalismo moral" y que tiene tanta incidencia en toda su construcción pues, como afirma, "todo radicalismo político supone un radicalismo moral". Tal es el consejo de un septuagenario a los jóvenes socialistas de hoy: si quieren ser buenos liberadores deben evitar el acceso carnal directo y en su lugar desplegarse en juegos eróticos sin objetivo definido. Es claro que este proyecto hedonista y polisexual está tomado de Freud. Pero el maestro del psicoanálisis se aplicó al estudio de la vida del inconsciente, en tanto que Marcuse lo traslada al orden de los fenómenos conscientes individuales y colectivos. Por otra parte, es un mensaje que no siempre es bien recibido por sus destinatarios naturales: los jóvenes estudiantes. Su polimorfismo erótico, anota Vivas, es generalmente "malentendido por los chicos que no están demasiado ansiosos de liberarse de la tiranía de lo genital". Como sea, lo cierto es que el neoerotismo es el punto de partida del filosofar de Marcuse. Por este camino Marcuse "quiere liberar al hombre por medio de una transformación radical de la sociedad". Según la expresión del Che Guevara "construimos al hombre del siglo XXI". Es un proyecto que encuentra algunas resistencias: "Las formas tradicionales de lucha, los medios clásicos de protesta dejaron de ser eficaces, dice. Las clases populares ya no son revolucionarias, la sociedad de consumo las condicionó y anestesió. Quedan los outsiders, los marginales, los parias del sistema". Su análisis apunta después a una revisión del marxismo. "Como ustedes saben, escribió en El fin de la utopía, sigo creyendo que he trabajado en una línea marxista". En todo caso, como hegeliano de izquierda que es, ubicará su teoría como una "crítica". "La teoría de Marx dice, es una crítica en medida en que cada uno de sus conceptos condena el orden existente en su totalidad"; pero, "quizás todavía no representa o ya no representa esta resuelta negación del capitalismo que debería constituir". Con sus añadidos sí se dará "un socialismo construido sobre una base verdaderamente popular, cuya posibilidad demostraron la revolución cubana, la guerra de Vietnam y la revolución cultural china". En verdad, ya antes Onán y Lesbos habían sido profetas de una revolución erótica. Pero no confundamos los planos. Estos últimos deben ser traídos como aporte freudiano; freudiano heterodoxo. ... Hasta aquí su freudismo "sui generis" y su marxismo revisionista. ¿Cuál es el resultado de tales elucubraciones? La crítica negativa de la sociedad establecida. Nosotros ya hemos dicho lo esencial sobre el asunto; pero nuestro sucinto examen resultará mejor iluminado si exponemos las consideraciones que a su propósito ha escrito Elíseo Vivas, profesor también de universidades norteamericanas. ...
La crítica de Vivas se basa en un adagio que puede resumirse en esta especie de trabalenguas: el que desmitifique al gran desmitificador, mejor desmitificador será. Vivas asume la defensa de la sociedad enjuiciada y contraataca. Estudia todos los tópicos gratos al paladar marcusiano: el erotismo, la crítica del arte, del lenguaje, de la libertad, el determinismo, el mecanismo de los placeres, la denuncia de la tolerancia, la filosofía de la historia, etc., y le aplica el cauterio indicado. "Marcuse dice es partidario de lo que él llama unas veces «pensamiento crítico» y en otras ocasiones «poder de pensamiento negativo» ..."

Referencias: E.Díaz Araújo, Hegel , M. Ambacher ,P.Masset, E.Vivas ,E. Guevara,R.W.Marks,R.Dutschke, H. Marcuse

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